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Butlletí 52

Núm. 52 Juny de 2005

  • La maté porque era mía. Aportación de la psicología proyectiva a la justicia penal
  • La adolescencia: experiencias de pérdida y estrategias defensivas
  • Investigación sobre como se manifiestan en el Rorschach los aspectos vinculados al apego
  • La mancha, no es un juego

La maté porque era mía. Aportación de la psicología proyectiva a la justicia penal

El pasado 16 de abril tuvimos la oportunidad de disfrutar en la SCRIMP de la reunión científica, con el sugerente título “La Maté porque era mía – aportaciones de la psicología proyectiva a la justicia penal” – a cargo de Nouhad Dow y Teresa Pont . Si bien el tema abordado es de plena actualidad, pudimos constatar que estos problemas de agresión de género datan de mucho tiempo.

La conferencia fue un éxito de asistencia, donde se mezclaron tanto estudiantes universitarios como profesionales experimentados; y los comentarios del público, a la salida, fueron muy halagadores en cuanto a lo interesante de la sesión.

Fue una exposición muy bien elaborada, clara, organizada y amena; con un gran trabajo de síntesis por parte de las ponentes debido a lo complejo del caso; hubiéramos agradecido disponer de más tiempo para el debate ya que 2 horas resultaron cortas.

Primero intervino Teresa Pont, aportándonos su gran experiencia como psicóloga clínica en el ámbito jurídico. Comenzó explicándonos la función del psicólogo, en su rol de experto, en el campo de la salud mental para el estudio y valoración de los casos implicados en delitos. Después nos comentó la causa judicial y los datos históricos del encausado (se trataba de un hombre de 36 años que mató a su mujer cuando le dejó por otro), y seguidamente nos habló del beneficio de la utilización de los Test Proyectivos como instrumentos diagnósticos, realizando, posteriormente, un análisis exhaustivo de los Tests gráficos del sujeto. Se detuvo en describirnos la importancia de tener en cuenta el impacto contratransferencial del evaluado, dentro de la relación establecida a lo largo de las entrevistas clínicas, cuyo contenido e hipótesis diagnóstica, interrelacionó con el material de los Gráficos.

Nouhad Dow, por su parte, con toda la experiencia sobre el tema, nos hizo un excelente resumen del Test de Relaciones Objetales de Phillipson y nos habló de su importancia para explorar: la dinámica del mundo interno de una persona, la naturaleza de sus relaciones objetales inconscientes, el control de los impulsos, los niveles de organización de vínculos , ansiedades y sistemas defensivos ante diversas situaciones. Posteriormente realizó un análisis muy vivo de las respuestas dadas por el sujeto a cada una de las láminas del TRO . Fue interesante observar cómo las diferentes técnicas proyectivas son complementarias entre sí y contribuyen a ayudar a establecer un diagnóstico diferencial. En este caso, los tests gráficos dieron cuenta de un sujeto poco diferenciado, con una estructura boderline, de base psicótica, cosa que igualmente se apreció en el Philipson, corroborándose también la alta destructividad y núcleo melancólico del sujeto. A propósito de la elección de las pruebas, Teresa Pont comentó que evidentemente hubiera proporcionado una valiosa información si hubiera podido administrarle el Test de Rorschach; pero en aquella época, hace más de 15 años, ella todavía no tenía formación sobre el Rorschach.

Finalmente surgieron comentarios y preguntas muy interesantes por parte del auditorio quien se preguntó: ¿por qué no se suicidó? Parece que el deseo de un continente es lo que le salva del suicidio, pero hubiéramos podido seguir buscando respuestas.

Nuevamente pudimos confirmar la utilidad que las Técnicas Proyectivas aportan en diferentes contextos de la psicología , siendo esta vez en el área judicial. Además pudimos reflexionar sobre la importancia de un buen proceso diagnóstico que contribuya a la adecuación de la medida judicial a la individualidad de cada caso.

Ma. Teresa Roura

IV TROBADA DE LA SCRIMP

La adolescencia: experiencias de pérdida y estrategias defensivas

ADOLESCENCIA: PASIONES Y COMPASIONES

Francesc Sainz nos presenta al adolescente como representante de las emociones en un estado puro, la esencia de lo que somos. Alude a una cita de Meltzer muy significativa, que contempla la adolescencia como un estado mental más que como un período.

Después de una lectura de las definiciones y acepciones de los términos de pasión y compasión que aparecen en el diccionario, apunta a que la pasión es un motor hacia la evolución del ser humano pero también hacia la locura, en ocasiones. El terapeuta, en este sentido, también necesita ser apasionado porque, si no, sólo será un terapeuta correcto pero carente de algo muy importante. Es interesante la acepción que remarca del término com-pasión como compartir la pasión; y es que el adolescente aparte de compadecerse de sus desgracias, también comparte con los otros su pasión. Esto lo relaciona con la concepción de D. Winnicott del espacio y fenómenos transicionales y, consecuentemente, con la creatividad conjunta y el compartir con el otro.

Una parte de su intervención también se centra en la relativización del papel que juega la información y la comunicación, remarcando que lo importante no es el contenido de la comunicación, sino la vivencia subjetiva de aquello que nos dicen. Esto explicaría el motivo de que los adolescentes a veces no hagan caso de lo que les decimos, igual que nos pasa a todos nosotros; lo que sucede es que ellos viven el mundo emocional con mayor intensidad y ,por lo tanto, este no hacer caso se traduce de forma más evidente en ellos. La cuestión a plantearnos es ¿qué estamos dispuestos a sentir como sociedad cuando en estos momentos prima la resolución inmediata de los conflictos?. En este sentido el adolescente se nos presenta como un maestro que nos hace patente que ni la información, ni la tecnología, ni la educación nos sirven.

Se hace hincapié en que las emociones no se dirigen por una lógica y que lo que podemos hacer con ellas es escucharlas, compartirlas y sentirlas con el otro.

Referente al tema del duelo en el adolescente se alude a F. Dolto, cuando hace referencia a la sensación que tiene el adolescente de estar muriéndose para ser alguien desconocido que renace. Esta autora francesa pone énfasis en las sensaciones y muerte del adolescente. El adolescente, tal como se ha concebido tradicional-mente, debe hacer una serie de duelos (por la omnipotencia y excesiva idealización sentidas hasta ahora por los padres, por su homosexualidad y por su cuerpo de niño). Paralelamente a este ser en duelo, nos encontramos con los duelos que deben hacer los padres y con el inicio de un proceso en ellos donde deben aprender a tolerar las envidias que les suscita su hijo y los constantes cuestionamientos de los mismos. También deben aprender a asumir el sentimiento de indefensión que les genera, y eso no es nada fácil.

Hay una necesidad del adolescente, que F. Sainz plantea como imposible de asumir, de que el adulto le deje tranquilo y le deje vivir su propia vida de adolescente, pero también quiere que se le vigile. Hay una necesi-dad imperiosa de que tú sepas qué les pasa sin que ellos te lo digan. En este sentido es importante que los padres estén allá como adultos y no como colegas adolescentes de sus hijos (como suele pasar en algunos padres borderlines); que sepan mantener cierta distancia para dejarlos crecer, pero también cierta proximidad para acompañarlos y contenerlos.

F. Sainz también hace mención al hecho de que la adolescencia es como un largo “impasse” de fragilidad, donde el sujeto va guardando al niño pero también va esperando al adulto que lleva dentro.

En el coloquio posterior se plantea la necesidad del adolescente en depositarte cosas para ponerte a prueba y ver cómo te posicionas. Todo adolescente despierta pasiones y compasiones al terapeuta.

Se comenta la vertiente narcisista que caracteriza al adolescente en su esencia, debiendo pasar un proceso en el que debe aprender a administrarla. Se hace énfasis en la concepción del adolescente como ser narcisista, en el sentido de que “porque no se ama a sí mismo, no puede amar a los demás” (a pesar de que a veces caemos en el error de concebir al narcisista como alguien que se quiere en exceso).

Se expone que en la terapia, dada la importancia del duelo de los padres, es importante explorar sus respectivas adolescencias para comprender qué aspectos está reactivando la adolescencia de sus hijos. En la práctica clínica muchas veces las cosas no funcionan lo bien que debieran por un duelo mal resuelto de los padres, que a la vez es fuente de un sentimiento de gran culpabilidad en ellos.

ANÁLISIS E INTEGRACIÓN CON TÉCNICAS PROYECTIVAS

En un primera intervención de la segunda parte de la jornada, titulada “Análisis e integración con técnicas proyectivas“, S. Viel y E. Ballús nos exponen a través de un par de casos clínicos y varios ejemplos, los indicadores emocionales que se pueden hallar en los gráficos de adolescentes que han vivido experiencias de pérdida. Los dibujos pueden entenderse como una forma de expresión gráfica, (como una actividad espontánea que no precisa de un aprendizaje específico), o como una expresión del inconsciente. Todo proceso de duelo precisa de diferentes fases: aceptar la realidad de la pérdida; trabajar las emociones y el dolor de la pérdida; adaptarse a vivir con la ausencia y recolocar emocionalmente lo perdido.

S. Viel y E.Ballús nos muestran una forma correcta de acercarnos a los adolescentes en situaciones de pérdida a través de los gráficos. Plantean que comprender un gráfico es un proceso consistente, en un primer momento, en la conexión con las emociones que desprende, para luego pasar a interesarnos por sus detalles y captar lo singular que hay en ellos, y así encontrar un sentido del mismo. Ponen gran énfasis en la singularidad del símbolo, pero también, a través de la presentación de diferentes casos, nos muestran ciertos indicadores diferenciales que se pueden observar en procesos de duelo normal y patológico. Como indicadores de duelo patológico, a través de los casos, muestran la repetición de ciertas características: omisiones, sombreados, presencia de nubes, lluvia, figuras grotescas o monstruosas, gestalts destruidas /desintegradas, gráficos confusos, con intencionalidad expulsiva y una proyección persecutoria de su mundo interno.

No obstante, no hay una relación directa entre la presencia de indicador y la inferencia de duelo patológico, por ello hay que tratar a los gráficos como un elemento más para el diagnóstico, integrando otros datos.

En definitiva, lo que nuestras compañeras querían mostrarnos a través de diversas ejemplificaciones es que los gráficos poseen un valor terapéutico y preventivo, porque facilitan la identificación de situaciones traumáticas y su posterior elaboración. También resultan útiles para detectar estrategias de afrontamiento adaptativas y/o patológicas, tanto en la evaluación como en el soporte de los procesos de duelo.

En la ponencia titulada “El homicidio como síntoma de una crisis severa adolescente“, T. Pont compartió con nosotros todo un proceso diagnóstico realizado con un chico de 15 años, autor de un crimen. Mostró, a través de diversas técnicas proyectivas gráficas (HTP-2; Test Animal; TAT), la presencia de mecanismos de disociación y signos instintivos no elaborados con una problemática de no-diferenciación con el otro, en alguien con una aparente adaptación externa y cierta tendencia huidiza.

A raíz del caso surgió el tema de la tendencia al acting del adolescente, quien por primera vez puede actuar sus pulsiones. También se planteó como rasgo característico de esta etapa vital, la presencia de una pasividad activa, una identidad en crisis y la consecuente defensa identificatoria (en nuestro caso, a través del trastorno de conducta). Se habló de la vivencia del adolescente del objeto como abandónico, persecutorio e indiferenciado de su espacio mental psíquico.

La parte del coloquio posterior fue muy interesante porque se planteó el hecho de la no aparición en los gráficos de los aspectos actuadores, ni en sus escritos, los aspectos reparadores. Se habló de la posibilidad de estructuración en un falso self sobrecompensador de su parte actuadora. Esta parte más actuadora de su personalidad se planteó como difícilmente modificable.

Grushenka Comas

 

Investigación sobre como se manifiestan en el Rorschach los aspectos vinculados al apego

En este artículo, publicado en el Journal of Personality Assessment de enero del 2005 y firmado por diversos investigadores de la universidad israelita de Bar-Ilan (Berant, Mikulincer y Segal), se intenta establecer las relaciones entre el Rorschach y las dos dimensiones del apego: la ansiedad y la evitación.

Las hipótesis de las que parten estos autores son que la ansiedad de apego se asociará con puntuaciones en el Rorschach que indicarían dificultades en la regulación y en el control de las emociones así como con la percepción de indefensión, mientras que la evitación del apego lo haría con puntuaciones que reflejan falta de conocimiento de los estados de necesidad y con el mantenimiento de la grandiosidad del self.

Para realizar este estudio se basan en una investigación previa del propio Mikulincer quien definió dos estrategias de regulación del afecto: la hiperactivante y la desactivante, basándose en las propuestas teóricas de Bowlby. Uno de los supuestos básicos de éste es que las interacciones con los otros significativos se internalizan en forma de modelos de trabajo del yo y de los otros. Cuando las relaciones del niño con su entorno son positivas, el sentido de la seguridad se consolida, formándose la base de una buena salud mental.

En el caso de que los otros significativos sean rechazantes, este sentido de seguridad se pierde y es necesario adoptar estrategias defensivas secundarias (hiperactivantes o desactivantes), formándose modelos negativos del yo y de los otros, con lo que el grado de salud mental decrece.

Las investigaciones realizadas sobre el apego han puesto de manifiesto que los patrones sistemáticos de expectativas respecto a las interacciones, así como las conductas y emociones subsecuentes derivan de la internalización de la historia particular de las experiencias de apego. Se han definido tres tipos de apego en la infancia: el seguro, el ansioso y el rechazante.

Estudios posteriores han puesto de manifiesto que el estilo de apego de una persona puede representarse en un espacio bidimensional formado por la ansiedad de apego, definida por miedo al rechazo, separación y/o abandono, y la evitación del apego, definida por el malestar en situación de intimidad y dependencia emocional.

Yolanda González

La mancha, no es un juego

Artículo publicado en la revista Primera Plana, Buenos Aires, semana del 8 al 14 de Abril de 1969

Algunos dan respuestas que hubieran enternecido a Poe: “Una rata a cada lado. Tiene una cabeza como de rata. No tiene cola ni bigotes, pero sí la forma del cuerpo y de las patas. Orejas y nariz puntiaguda de rata”. Otros, más hedonistas, prefieren regodearse así: “Un hermoso helado de frutilla, con sorbete de naranja y damasco (albaricoque) abajo”. No faltan las imágenes con evocaciones bíblicas: “Cabeza de un cordero”, sintetizó un tercer entrevistado, algo místico.

Aunque parezca increíble, todos habían observado la misma figura -la lámina ocho de la prueba de Rorschach, uno de los instrumentos de indagación psicológica más completos que se conocen- y desde allí remontaron las insólitas conjeturas.

No es lo único importante: más allá de la extravagancia, las diez láminas que componen el test, constituyen uno de los caminos más fértiles para internarse en los recovecos de la personalidad. Ninguno de los grandes centros mundiales de investigación se atrevería -después de cuatro décadas de triunfos- a negar la importancia del artilugio.

La Argentina no es una excepción. Esta semana culmina un ciclo iniciado hace dos décadas: la Sociedad Argentina de Psicodiagnóstico de Rorschach organiza en Perú al 100 el Primer Congreso Latinoamericano de la especialidad, que congrega a más de trescientos especialistas; cincuenta son extranjeros.

La Sociedad comenzó funcionando como un pequeño grupo de estudios: “Después de 1952 -recuerda Vera Campo, su vicepresidenta y delegada al Congreso-, un grupo de psiquiatras interesados en la técnica lo transformó en Sociedad Médica Argentina de Psicodiagnóstico de Rorschach. Cuando se creó la carrera de Psicología y comenzaron a incorporarse los primeros egresados, se optó por el nombre actual; ahora, la mayoría de nuestros nuevos miembros son psicólogos”.

Aunque desde entonces estuvo afiliada a la Sociedad Internacional de Rorschach, con sede en Ginebra, La Sociedad Argentina soslayó toda promoción en su juventud: “Organizábamos reuniones científicas con presentación de trabajos -memoró Campo- y, desde 1962, cursos de Rorschach de tres años de duración. Pero toda esa actividad se realizó de manera callada, sin mayor contacto con otras instituciones.

En 1965 los expertos decidieron lanzarse a empresas más osadas y realizaron las Primeras Jornadas Argentina de Psicodiagnóstico de Rorschach; un año después, en 1966, los brasileños tomaron el ejemplo. Se aprovechó la ocasión para crear la Asociación Latinoamericana (ALAR) y, después de un ensayo en el Simposio de Montevideo, en 1967, presentarla en sociedad, por fin, en Buenos Aires, entre el 7 y el 11 de Abril de este año.

“Es la primera vez que podemos discutir en profundidad, casi sin límite de tiempo -se alegró Irene Orlando, 55, secretaria del Congreso y presidenta de la Asociación Argentina-. Pudimos elegir un tema específico [interpretación de las respuestas de claroscuro, una de las áreas menos exploradas, según los expertos] porque estamos suficientemente avanzados en el manejo de la prueba para trabajar en detalle. Como pretendemos que haya verdadera discusión e intercambio vamos a entregar copias de los trabajos antes de que sean leídos en el Congreso: en el momento del debate todos sabrán de qué se trata.”

No son los únicos logros del grupo pionero; esta semana también podían exhibir dos nuevas aventuras: los primeros números de la revista Latinoamericana y Argentina de Psicodiagnóstico de Rorschach.

Proyección y malas intenciones

El Rorschach -como todas las pruebas proyectivas- aprovecha una infidente debilidad de los humanos: la percepción, escrutada por un análisis sistemático, no sólo revela las características del objeto percibido, sino también las del sujeto perceptor. Por eso es un instrumento capaz de susurrar las intenciones y los rasgos más secretos, de fotografiar, por dentro, la estructura de la personalidad.

“El ego -reflexiona Julio Endara, profesor principal de Clínica Psiquiátrica en la Universidad Central del Ecuador- es un recipiente de la estimulación externa y al mismo tiempo un ejecutor de las intenciones de los impulsos; como ejecutor de los impulsos, el ego puede oponerse a ellos, subordinarse sin demora, posponerlos y preparar inteligentemente su óptima realización. Y esto gracias a su relativa autonomía, que explica el hecho de que el ego no sea automático, sino electivo, y en cierta forma distorsione al estímulo para someterlo a las propias necesidades del sujeto.”

Atrapar a un ego tan esquivo no es sencillo; por eso, administrar -e interpretar- el Rorschach requiere entrenamiento y sabiduría: “A tal punto -observa Campo-, que optamos por extender nuestro curso a cuatro años”. El mismo concepto de proyección -núcleo de la técnica- está profundamente comprometido con la psicología clínica y la psiquiatría: lo introdujo el mismo Freud, en 1896, cuando observó que la dificultad de aplacar la ansiedad sexual de sus pacientes terminaba por proyectarse sobre el mundo externo. Cuando don Antonio, -Peppino de Filippo en uno de los episodios de Boccacio 70-, un moralista rígido y contenido, comienza a delirar con el gigantesco affiche donde se desnuda caritativamente Anita Ekberg (1), no hace sino ilustrar la idea freudiana de proyección.

Claro que el tema no sólo es válido dentro de los límites del morbo: algo más tarde, Freud redefinió el concepto para aplicarlo a todos aquellos procesos que consisten en atribuir a ciertos elementos del medio ambiente los propios impulsos, tendencias y sentimientos. No existen las impresiones sensoriales puras: todas se manchan con la interioridad del sujeto. Rorschach llegó a estructurar las condiciones externas óptimas para provocar los secretos: Diez láminas, casi simétricas, maculadas de tinta.

Antes de que Rorschach presentara su ya famosa monografía (Psicodiagnóstico), en 1921, fueron borroneadas -sin metáfora- muchas láminas. El primer trabajo conocido apareció en 1857, cuando Justinius Kerner, en Tübigen (Alemania), descubrió, casualmente, la gran cantidad de objetos que pueden ser vistos en las manchas de tinta. Sin embargo, la obra de Kerner -Kleksographien- no sugiere la posibilidad de una conexión entre las imágenes sugeridas por las figuras y la personalidad.

En 1895, Alfred Binet – prestigiado entonces por sus trabajos sobre la inteligencia- sospechó que las manchas de tinta podrían dar una buena medida de la imaginación visual. Un año después, G. V. Dearborn, en Harvard (USA), administró doce series de diez manchas a un grupo de estudiantes y profesores de la Universidad. Sus observaciones preanuncian a Rorschach: “Por supuesto, nadie puede explicar por ahora por qué un sujeto ve un repollo en una mancha y otro un animal con la boca abierta; o por qué una mancha le recordó a un profesor la mitad de un capullo de arvejilla y a su esposa una víbora enroscada en un palo… Como principio general, las primeras experiencias del sujeto tienen una influencia importantísima”.

Las manchas en su tinta

Por lo menos media docena de investigadores trabajó en esta dirección; los esfuerzos más importantes: Whipple, que en 1910 produjo la primera serie de manchas estandarizadas conocida; C. C. Barttlet, en Cambridge, creyó que las manchas eran capaces de señalar los intereses y, tal vez, las profesiones de los sujetos. En 1917 Cicely Parsons, al estudiar 97 niños con la batería de Whipple, encontró diferencias perceptuales de acuerdo al sexo y la edad de los entrevistados.

Ninguno, sin embargo, fue capaz de imaginar un método practicable para interpretar las claves de las respuestas. Recién Hermann Rorschach -nacido en Zürich el 8 de Noviembre de 1884- fue capaz de totalizar una idea de la personalidad y proveer las herramientas para atraparla. Cuando se graduó en medicina, en 1910, Rorschach comenzó a preocuparse por constituir un método objetivo de diagnóstico global. Su trabajo en hospitales psiquiátricos le brindó la oportunidad de explorar y ensayar sus presunciones; el resultado: Psicodiagnóstico, una monografía aparecida en 1922 que, en un primer momento, despertó fuertes resistencias, en especial en USA, donde los psiquiatras se empantanaron con los complejos métodos de clasificación y análisis.

Rorschach no tuvo tiempo de disfrutar la revancha: murió el mismo año en que se publicó su monografía, el 2 de Abril de 1922, precisamente de apendicitis aguda.

Ahora nadie puede dejar de rendirse ante la eficacia de la técnica; son -como lo marcó su creador- diez manchas simétricas sobre cartón blanco, de aproximadamente dieciocho por veinticinco centímetros. Cada mancha tiene características singulares: forma, color, sombreado, espacios blancos. Rorschach dejó previsto el orden en el que deben administrarse.

A pesar de la creciente difusión de las técnicas proyectivas, hay un equívoco que resiste el destierro: el considerar el método de Rorschach como un instrumento limitado a la Psicopatología. “Es mucho más que eso -reveló Orlando (2)-: una herramienta para la investigación psicológica capaz de descubrir el maravilloso potencial desperdiciado por la Humanidad”.

1 Para los lectores más jóvenes, una actriz de cine muy guapa.

2 Irene Orlando, por desgracia, desapareció durante la década negra de la historia Argentina.

3 Sobre el título: “la mancha” es un juego infantil muy popular en Argentina